Contenido del Boletín 25

2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(continuación)

El Señor siente que le siguen (Desde entonces, toda la vida de aquellos discípulos va a consistirá en seguir al Señor, estar adheridos a Él, dejarse guiar por Él, entrar en su misma vida,…). Los ve y pregunta: “¿Qué buscáis?” (Jn. 1,38): Nuestra vida de fe debe ser una continua búsqueda y permanencia con Jesús.

Aquellos discípulos de Juan lo reconocen como “Maestro”: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?” (Jn. 1,38): Una pregunta aparentemente torpe que revela el deseo de “estar con Jesús”, ¿Cómo vives? ¿Cuál es tu estilo de vida?

Y el Señor responde: “Venid y veréis” (Jn. 1,39): Van a conocer cuál es su propuesta de vida, su modo de vivir,… Y, desde entonces, van a permanecer con Él. Hoy, es suficiente para ti y para mí, un rato junto a Jesús para conocer qué es lo que nos pide en este momento concreto de nuestra vida, con todas sus circunstancias,…  

Algunos especialistas dicen que es el modo con el que el evangelista S. Juan nos invita a seguir leyendo toda su obra.

¡¡Cómo sería la experiencia que vivieron junto al Señor, que recuerdan incluso la hora en que tuvo lugar el encuentro!!: “…era como la hora décima” (Jn. 1,39: Las cuatro de la tarde).
De uno de aquellos discípulos, conocemos su nombre, Andrés (Jn. 1,40),… del otro, nada. Se ha encontrado con Jesús, y este encuentro, este descubrir la vida de Jesús, este entrar en comunión con Él, implica el comunicarlo. Así, se encuentra con su hermano Simón y le da la noticia: “Hemos encontrado al Mesías… Y lo llevó a Jesús” (Jn. 1,41).

El Señor “…se le quedó mirando…” (Jn. 1,42): No podemos preguntarnos cómo será esta mirada del Señor,… cada día y cada hora, dirige su mirada hacia cada uno de nosotros.
“Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)” (Jn. 1,42): Tras este encuentro con Jesús, ya no nos va a llamar Ignacio, ni María, ni Roberto, ni Ana, ni… Nos cambia de nombre, desde entonces, nos llama “hermano”, “hijo de Dios”.

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UN AÑO DEDICADO A SAN JOSÉ

(continuación)

Explica el Papa cómo a cada advertencia y mandato del ángel en los sueños, S. José es obediente. Llegados al tercer sueño, el que se da en Egipto, advirtiendo el regreso a su tierra, afirma el Papa Francisco: “En Egipto, José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar:… (Mt. 1,24)”.  

Sigue diciéndonos el Papa Francisco: “En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní”.

Termina este apartado el Papa Francisco enseñándonos: “En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cfr. Jn. 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia… Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad;…”.

4. Padre en la acogida:
“José acogió a María sin poner condiciones previas” (Mt. 1,24), nos dice el Papa Francisco. Y sigue reflexionando: “Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia”.

Pero, “José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”.

Ante los problemas y sufrimientos de nuestra vida, nos recuerda el Santo Padre que, del mismo modo que le dijo el ángel a S. José: “…no temas…” (Mt. 1,20), también nos lo dice Dios a cada uno de nosotros, nos invita a vivir las situaciones dolorosas “…con una fortaleza llena de esperanza… La vida de cada uno de nosotros puede comenzar de nuevo milagrosamente, si encontramos la valentía para vivirla según lo que nos dice el Evangelio”. Y sigue diciéndonos, “…lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan”.

El último párrafo de este punto nos habla de otra acogida: “La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cfr. 1 Cor. 1,27), es ‘padre de los huérfanos y defensor de las viudas’ (Salm. 68,6) y nos ordena amar al extranjero. Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso (cfr. Lc. 15,11-32).

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