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Santiago el Real

BOLETÍN PARROQUIAL No 204

30 de agosto de 2025

LOS CUSTODIOS DEL TRUENO

A la orilla del llanto y el filo de la espada,
Jerusalén silencia la voz que fue tronada.
Santiago ha partido, el mártir del Señor,
y quedan dos alumnos llorando a su pastor.

Atanasio recoge el báculo y la fe,
Teodoro en la barca sostiene lo que ve:
el cuerpo de su guía, la herencia del altar,
y se hacen discípulos del viento y de la mar.

Sin velas ni timones, flotando en el madero,
el mar de Finisterre los recibe primero.
Amarraron la roca en el agua fluvial,
cargando las lecciones del Verbo celestial.

Ante la reina Lupa, con mansa valentía,
vencieron los dragones que el monte escondía;
los bueyes que eran fieras un carro han de tirar,
buscando el Libredón donde al fin descansar.

Y allí, bajo los robles, donde el viaje acabó,
el rol de los alumnos de pronto se transformó:
ya no solo custodian la piedra y el dolor,
ahora alzan la voz y enseñan el Amor.

Se visten de maestros en la nueva Sión,
pastores de Galicia, destello y oración.
Sembrando la Palabra que Santiago les dio,
la fe del viejo apóstol en ellos floreció.

Alumnos de la barca, maestros del camino,
tejieron con sus manos el místico destino.
Y cuando el curso humano llegó a su santo fin,
los dos se recostaron al lado del confín.

Hoy duermen en la plata, tres cuerpos en la luz,
unidos para siempre en la gloria de la cruz.
Enseñan al viajero que acude ante el altar,
que para ser maestro… primero hay que escuchar

 

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CONOCER NUESTRO RETABLO

Atanasio y Teodoro fueron los dos fieles discípulos que recogieron el cuerpo decapitado de Santiago Apóstol en Jerusalén y, en una barca guiada por los ángeles, cruzaron el mar hasta las costas de Galicia, hasta Iria Flavia (lo que hoy es Padrón, en Galicia).

Allí necesitaban un lugar seguro para enterrar a su maestro. Pero había un gran problema: toda esa región estaba gobernada por Lupa, una reina pagana muy inteligente, poderosa y que odiaba a los cristianos.

Atanasio y Teodoro fueron al palacio de la reina a pedirle ayuda. Lupa los recibió con una sonrisa falsa y les dijo: «¡Por supuesto! Subid al Monte Ilicino (hoy llamado Pico Sacro). Allí tengo unos bueyes muy fuertes y un carro.

Lupa les había tendido una trampa mortal: El monte estaba protegido por un dragón gigante que escupía fuego y devoraba a los intrusos; y los «bueyes» eran toros salvajes.

Cuando los dos jóvenes llegaron a la cima de la montaña, la tierra tembló. El enorme dragón salió de su cueva rugiendo, listo para achicharrarlos. Atanasio y Teodoro mantuvieron la calma y usaron su fe. Miraron al monstruo y dibujaron la señal de la cruz en el aire. El dragón huyó.

Luego se acercaron a los toros salvajes. Los chicos se arrodillaron, rezaron una oración y bendijeron a las bestias. Estas, bajaron la cabeza y empezaron a lamerles las manos como si fueran cachorros.

Cuando la Reina Lupa aparecer a Atanasio y Teodoro caminando hacia su palacio, guiando el carro tirado por los toros, se quedó de piedra y decidió convertirse al cristianismo junto con todo su pueblo. Destruyó sus altares paganos y les regaló su propio palacio y el Bosque de Libredón para enterrar al Apóstol. ¡Ese lugar exacto es donde hoy se levanta la famosa Catedral de Santiago de Compostela!

Atanasio y Teodoro pasaron de ser los alumnos de Santiago a convertirse en los maestros y primeros obispos de la naciente comunidad cristiana gallega, custodiando la tumba de su maestro hasta el fin de sus días. Hoy descansan los tres en la cripta de la Catedral.

 

PALABRA DE DIOS DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura

Para el profeta la vida de cada día es un luchar con la misión y con la fuerza irresistible de una palabra que atormenta y da vida. El que lucha con Dios a su lado vence. Dios le seduce

Salmo

Mi alma está sedienta de ti, Señor Dios mío.

2ª Lectura

Presentémonos cada día con el “aquí estoy” ante Dios. Intentando ser en Él; dejándonos transformar por Él.

Nada mejor que hacer la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

EVANGELIO

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

¡Cuánto nos cuesta la Cruz! ¿Por qué a mí? ¿No me puedo escapar de ella? ¿Siempre en “este valle de lágrimas”?

Gracias a la muerte de Cristo en la Cruz, es posible y cierta la Resurrección.

Celebrar la Eucaristía es saber perder y ganar, morir y resucitar.

 

 

"PONERSE LAS PILAS”… SI SOMOS DE CRISTO

“María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste”.

La clave del cielo reside en la pureza del alma, la cual, por gracia de Dios, ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo. María nos muestra que la verdadera belleza no radica en ocultar el paso de los años, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin. En la vida diaria, podemos encontrar personas marcadas por el sufrimiento, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz, en contraste con otras personas que pueden ser exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior.

El misterio de la Asunción se encuentra allí donde hay verdadera caridad: en los ojos de un padre y una madre que vuelven a casa después de una jornada de trabajo, cansados pero felices, en los rostros de los abuelos y las abuelas que, a pesar de las dificultades de la edad, se reactivan con energías inesperadas al cuidar a los nietos, y en los jóvenes valientes que buscan crecer limpios y honestos, yendo contra la corriente de lo que todos hacen.

Sigamos la luz de Cristo resucitado, cambiando de rumbo si es necesario, y teniendo siempre a María como “Madre, guía, compañera de viaje y protectora en el camino del Cielo”.

Santiago el Real
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