17 de mayo de 2025
Los amigos de Jesús lo estuvieron viendo durante 40 días tras su resurrección. Entonces, regresó junto a su Padre. La Biblia lo cuenta de esta manera: “una nube lo envolvió y fue apartado de su vista”. Nosotros, los cristianos, decimos: Jesús ha ascendido al cielo.
Esto no quiere decir que Jesús simplemente haya desaparecido o que se haya ido a hacer un viaje a las nubes. No se trata de un camino tal y como lo entendemos en la tierra… Se trata de un camino del tiempo a la eternidad… de lo visible a lo invisible. Un camino que lleva de lo oscuro de este mundo a la luz inagotable de Dios.
El cielo es una persona. Nosotros vamos al cielo en la medida en que vamos hacia Jesús. Por eso ascender a los cielos es un proceso constante en medio de nuestra vida diaria.
Jesús dio a sus amigos una misión: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Los discípulos no deben tener miedo de nada ni de nadie. Por eso los animó diciendo: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.
Jesús envía sus discípulos para dar testimonio de Dios ante los demás y entusiasmar, a través de sus vidas dedicadas a Dios, para que todos cuantos los vean vivir lleguen a ser amigos de Jesús.
Así, la Ascensión del Señor no nos invita a mirar al cielo para evadirnos de la realidad, sino a abrir los ojos al mundo concreto en el que vivimos. Jesús no se desentiende de la historia. Y nos confía, a ti y a mí, aunque seamos frágiles, a anunciar la Buena Noticia en medio de los desafíos de hoy.
1ª Lectura
El libro de los hechos de los apóstoles nos presenta a Jesús que asciende al cielo mientras promete la fuerza del espíritu y envía a los discípulos a ser testigos hasta los confines del mundo.
Salmo
Dios asciende entre aclamaciones.
2ª Lectura
San Pablo nos invita a levantar la mirada del corazón para reconocer la esperanza a la que hemos sido llamados y la grandeza del poder de Dios que actúa en los creyentes.
EVANGELIO
Jesús confía a sus apóstoles la misión de hacer discípulos a todos los pueblos, asegurándole su presencia permanente hasta el fin de los tiempos. Hoy también nosotros somos enviados.
La tarea de la Iglesia es doble: contemplar al Señor que se eleva, y ponerse en marcha para anunciar al mundo qué Él vive.
¿Qué personas esperan mi testimonio? ¿Qué injusticias, heridas o divisiones, me invitan a actuar? ¿Cómo puedo aportar paz, reconciliación o servicio?
¿Nuestros grupos están abiertos? ¡Todos tienen derecho a recibir el Evangelio!
Cristo reina junto al Padre, pero continúa su obra en el mundo a través de nosotros. Los pies en la tierra y el corazón abierto el Reino.
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