3 de mayo de 2025
En este tiempo de Pascua proclamamos a los cuatro vientos ALELUYA. Y, según las Escrituras, anunciamos que Cristo ha muerto y ha resucitado.
Por eso os invitamos a seguir ORANDO CON LA BIBLIA. El próximo viernes, en los salones parroquiales, a las siete y media de la tarde, iremos “entrando” un poco más en la Palabra de Dios.
Lo necesitamos todos; ANIMAOS
En tiempos en los que casi todo se traduce a bandos, conviene recordar que la Iglesia no pertenece a ningún bando porque pertenece a Cristo. Y pertenecer a Cristo no significa flotar por encima de la realidad, como si el sufrimiento humano fuera un asunto menor. Significa entrar en la realidad con una mirada distinta. Una mirada que no reduce a nadie a problema. Una mirada que sabe que las sociedades se degradan no solo cuando fallan sus instituciones, sino cuando se acostumbra su corazón a ver al otro como amenaza antes que como persona.
La política tiene derecho a debatir. Tiene obligación de gobernar. Tiene que buscar soluciones reales y no refugiarse en ingenuidades. Pero la Iglesia tiene también el deber de recordar el límite moral que ninguna política debería cruzar: la persona no puede ser convertida en material inflamable para encender campañas. El dolor no puede ser explotado como combustible electoral. La vulnerabilidad no puede ser administrada según la rentabilidad del aplauso. Cuando eso ocurre, la palabra cristiana debe levantarse. No para ocupar el lugar de la política, sino para impedir que la política olvide el rostro humano de aquello que discute.
1ª Lectura
Pedro anuncia con valentía y claridad a Jesucristo La comunidad cristiana, guiada por el Espíritu Santo, se organiza para que el servicio y la caridad lleguen a todos. Eligieron a siete hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría.
Salmo
Que tu misericordia venga sobre nosotros como lo esperamos en Tí. .
2ª Lectura
San Pedro nos recuerda que todos estamos llamados a ser piedras vivas, formando un edificio espiritual cuya piedra angular es Cristo
EVANGELIO
Jesús nos consuela y nos anima a no tener miedo, porque Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida que nos conduce al Padre.
¿Qué significa, hoy, que Jesús sea nuestro Camino, Verdad y Vida? ¿Qué pequeños gestos cotidianos puedo asumir para ser signo de vida abundante?
Caminaré en presencia del Señor.